domingo, 21 de octubre de 2012

Valdemar y las Nuevas Topografías

Durante estos últimos meses descubrí una conexión entre la Cianes de Ovidio, el Valdemar de Poe, el Dorian Gray de Wilde o el Edipo en Colono de Sófocles. Personajes hermanados­ con mi personaje recurrente del “hogueroso”, rostro o máscara licuada que me acompaña desde hace 25 años.
Licuefacción, fulminación, implosión de la burbuja de la vida en nada. (Lacan,1955) ¿Ahora cuando nada soy, acaso me convierto en hombre? De Edipo en Colono a Primo Levi.

Poetización vía aceleración de lo que somos. Una muerte súbita como metáfora de nuestra condición de seres humanos.
Revertir la muerte latente que vampiriza el auténtico latido de la vida o del deseo.

Y esta conexión la tejo en mi no-lugar. Un agujero negro que taladra la extensión de las horas, un hueco, una perforación en el espacio, pozo abismal o desagüe de mi juventud.
De los topos, del no-lugar, a las topografías. Crear mapas, hoy sí es tiempo de quimeras.

Uno ha de hacerse cargo de su cadáver para lograr navegar lúcido.

Deseo de buen nauta.


Hogueroso + intervención en publicación de arqueología

martes, 28 de agosto de 2012

Transcripción del sueño de un adolescente: El Extranjero en la Polis



¿Ahora cuando nada soy, acaso me convierto en hombre?

Edipo en Colono, Sófocles.





Una gran nube negra dominaba la polis, donde reinaba la muerte y la desolación. Una terrible peste abrasaba a sus gentes con mortíferos vapores.
Y es en este terrible trance que llegó el Extranjero a la ciudad, con túnica corta y armado, un muchacho de corta edad, tras caminar toda la jornada.

En la oscuridad, en las calles polvorientas, oyó como la gente entre gemidos gritaba:
“¡Tsar, tsar! ¡Ten piedad de nosotros! ¡aléjanos de este mal! ¡Tsar!
Tsar, un dios antiguo y oscuro, como un gran tirano, aplastaba todo campo u hogar, hasta alcanzar el más pequeño átomo.

Rompiendo su silencio el joven guerrero, entrenado en las frecuentes guerras de la Hélade, no dudó a desafiar al dios:
¡Tsar!_le retó_¡desciende aquí ahora y lucha de igual a igual con armas terrenas si eres un dios valiente!
Y Tsar no tardó en aceptar. Bajó dejando tras de sí una luz oscura, encarnado en una gigantesca tigresa.

El espacio de la lucha era una gran arena, como un gigantesco circo romano. El pueblo reunido en su totalidad gritaba, aplaudía y se sumía en silencios.
La vida y la muerte se jugaba ante sus ojos; El gran felino y el Extranjero lucharon uñas con metal, dientes con escudo, durante horas. De hecho, hay que decirlo, el gran felino podría haberlo aplastado como un insecto, desde el primer momento. Pero quizá su afán de juego pudo más que su crueldad o justamente por eso no mató desde un principio.
Y un instante ...“zas” el metal se hundió en la piel de la bestia y ésta cayó al suelo, marmórea y liviana a un mismo tiempo.

Muerta la bestia el héroe abrió el vientre hinchado del animal y extrajo tres cachorros vivos. Así fue como sucedieron los hechos:

El primero lo regaló al pueblo, multitud vitoreante que lo rodeaba.
El segundo lo ofrendó a los sacerdotes de la ciudad, graves y vestidos de blanco.
El tercero lo entregó a su familia, que allí se reunió.

Por fin, el cielo de la ciudad pareció despejar y volvió el azul cálido y luminoso del día.


Teseo/Cadaqués/ Uyuni, 2012


domingo, 29 de julio de 2012

Comprender, no Siempre


Me he pasado la vida intentando “comprender” desde lo “racional” o desde una pretendida “intuición” sin darme cuenta que, en ocasiones, hay que saber “pararse”; porque ya no hay más tierra que horadar ni más horizonte que ver, porque seguir insistiendo significa no vivir y continuar solo lleva a enredarse en la malla del pensar en bucles sin fin.
Ni todo lo real es racional ni todas las corazonadas sirven.

Encuentro en Lacan el siguiente texto que recojo a retales:

“En todo lo que concierne a la aprehensión (...) existen dos peligros.
El primero consiste en no ser bastante curiosos. Enseñamos a los niños que la curiosidad es una reprobable falta, y en conjunto esto es cierto: no somos curiosos, y no es fácil provocar este sentimiento de manera automática.
El segundo peligro es comprender. Comprendemos siempre demasiado, (...). La mayoría de las veces, nos equivocamos. (...) A partir del momento en que uno deja de exigirse un extremado rigor conceptual siempre encuentra la manera de comprender; pero nos quedamos sin brújula; no sabemos dónde partimos ni a dónde queremos llegar.

Lacan, Seminario II


Salar de Uyuni + Rita McBride/MACBA


miércoles, 25 de julio de 2012

El Veranito de Kali


Kali parece furiosa y sonriente a la vez. Las cabezas de su collar se balancean al ritmo acelerado de su piel. El sudor de sus pies derriten hoy a la mismísima Groenlandia.

La negra noche cubre de ceniza la tierra de mis orígenes, de mi familia. Los nombres de los pueblos arrasados que voy oyendo gotear uno a uno en los medios corresponden a las cunas de mi intrahistoria familiar: Terrades, Darnius...; L'Alt Empordà arrasado por el fuego y tocado por el dedo de la muerte, hasta las puertas de la casa de mis padres, en la frontera.
Mientras, todo el sur de Europa parece agonizar a fuego lento bajo el Baile de Muerte del Casino Mundial. Oigo las viejas botas del Reich, renovado aborto del capitalismo enfermo, volver a marchar y pienso en el futuro luminoso que nos espera: Seremos, si nos portamos bien y obedecemos, dentro de muchos años, Miami.
Paralelamente, muy posiblemente, en septiembre, mi trabajo de profesor en un instituto público desaparecerá. La pobreza se enquista y nos aleja de una vida digna.
Caso a parte; mi piso de Barcelona, deja de ser un hogar y se convierte, por circunstancias que no relato, en un pequeño cementerio.
Día a día intento frenar la ruina; pinto y restauro, puertas y armarios...leo con disciplina y pasión, voy a trabajar a mi estudio, me abrazo a la “poiesis”, como un bebé a su madre. He dejado de ser joven; pero creo en la resistencia, en la lucha del guerrillero, en red o en solitario, del día a día, como forma de vida.

Kali va y viene, como el viento. Un desertor vale menos que las piedras que pisa. Solo nos queda cubrirnos de hibiscus y creer en la vida como las raíces vivas de una selva cortada por la necedad, a punto de parir.



domingo, 8 de julio de 2012

En torno a la Metamorfosis de Kafka

Existe un momento, quizá inapreciable, en que la membrana de la “normalidad” del hogar, o de cualquier sociedad, implosiona; situación a situación, día a día, palabra sí, palabra no. Hasta que el lenguaje, los cuerpos y los silencios se retuercen y se entretejen en la malla de la locura. Delirio donde la incomunicación, la violencia, las “apariencias guardadas” y el mismo absurdo, pasan a ser vectores que lo atraviesan todo.

El absurdo delirante todo lo permea y alcanza, incluso, los gestos dulces y saludables. Una silla deja de ser una silla y es siempre otra cosa. Un hijo deviene un ser nauseabundo ante el cual la familia no puede dejar de descargar su asco, agresividad, vergüenza o desprecio. Gregor Samsa, del día a la mañana, se transforma en un “extraño” en casa. Un “otro” que en la hipérbole kafkiana tiene rostro monstruoso. Un insecto.
Los cubículos de la casa son dependencias del infierno terrenal de nuestra querida modernidad (de la que somos decadentes apéndices). Ya solo le queda volar o morir bajo el zapato despótico.
 ¡Dichosos los fuertes y los alados!





Kafka/Vesturport/pintura, 2012
  

sábado, 7 de julio de 2012

El Buen Nauta en el Campo de Higgs

A estas alturas, en estas horas de nubes bajas y oscuras, uno "mantiene" más claro aún, que ha de ser  Dédalo, no Ícaro. Más que nada porque las alas son un ingenio del padre y la caída, estúpida y trágica responsabilidad del segundo.

Pongamos que el cielo azul griego es el campo de Higgs. Supongamos que las alas de cera y plumas de Dédalo e Ícaro no son más (y lo son) que partículas, básicamente fermiones, que interaccionan con dicho campo de bosones aportándoles la masa que precipita al incauto al mar; que inversamente, eleva y hace libre al buen nauta.


Mediterráneo, 2012

domingo, 11 de diciembre de 2011

La Danza de la Muerte


En el año 1371 cuando Dédalo cumplió 40 años decidió adentrarse en el bosque para encontrar el justo ecuador de su vida.

Allí encontró a la Muerte, en forma de tres figuras esqueléticas, con las que jugó, ilusionado, dolorosa y tramposamente, a las cartas.
Aquella danza se prolongó durante semanas.

En el siglo XIV la presencia de la Muerte era común (fuese por la peste negra, las guerras o las ejecuciones) y durante los siglos siguientes florecieron representaciones más o menos populares: frescos, poemas, grabados, esculturas, leyendas, músicas, tapices y danzas en torno a ella.

La Muerte danzaba como hoy lo hacen los Estados con los Mercados, en el cuadro de un destino fatal. En el Medioevo tardío quizá hubiese sido natural representar a los líderes políticos europeos, como Sarkozy, Merkel o Cameron, bailando con cadáveres putrefactos, como un modo, quién sabe, de exorcizar el exceso grotesco de pulsión de muerte sobre la vida. Imagino que se trataría de recrear, en cierta medida, la gran fiesta de la muerte que convierte a las gentes en títeres en un siniestro callejón sin salida.

Durante aquellas semanas, serpenteante, Dédalo sintió que mudaba la piel, que abandonaba el viejo caparazón de artrópodo para adoptar vestidos blandos. En aquellos días decisivos su cuerpo perdía, como los niños en sus primeros pasos, el equilibrio. Sentía su pecho latir extrañamente, como si su nuevo corazón no le perteneciese. Vivía la realidad extraña, como un cuadro de Munch sobre un puente levantado hacia lo nuevo.

Todo lo terrible, como todo lo feliz, alcanza su fin. Toda danza tiene su final: Dédalo sonrió a Cloto, pareció sonreírle Láquesis y Átropos, finalmente, concedió tregua.


 Encuentro de los tres vivos y los tres muertos